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Una voz cruel

Era una voz sin dueño y yo quería no escucharla.
Ella seguía pronunciando vocablos tan seguros, tan llenos, tan desgraciadamente verdaderos. Su aliento emergía como castigo a mi deseo de ignorar lo que en realidad pasaba.
No ha habido una voz más cruel y quizá sea indefinible ante tanto lodo mental.
Quiero ignorarla, quiero desaparecer, quiero que se calle, pero también quiero descubrir su opinión que tanto me provoca, rompe y deja a no poder respirar.
Si cierras fuerte tus ojos, no verás al dolor.
Si respiras para vivir, no olerás la verdadera libertad.
Si oyes a los demás, no podrás escuchar a tu alma gritar.
Si huyes de aclaraciones como ésta, no tendrás a donde ir en paz.
No es que el desespero sea de agrado para mi repertorio de sensaciones favoritas, pero vaya que me tornó intolerante ese desgaste de palabras.

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