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Dos iguales

Una mujer, sus cabellos rojos bajo el sol y unos ojos que delatan su edad.
Con la sonrisa traviesa, una más, buscando la sombra y con ansiedad a flor de piel.
-¿Cómo hago para defenderme del dolor?
-¿Por qué querrías defenderte del dolor si eso es lo que te hace vivir intensamente?
-No me respondás una pregunta con otra pregunta, vos sabés que odio eso.
-De malas. ¿Que porque tenés el pelo rojo?
-Calláte que eso te encanta.
-Por eso.
-Respondéme pues, ¿cómo se hace?
-¿De qué dolor tratás de huir, cobarde?
-Del que vos me causás.
-Sencillo, no me amés entonces.
-Listo. Hoy en la madrugada te voy a dejar de amar.
-Perfecto, llamáme cuando lo logrés.
-Tampoco me gusta el sarcasmo.
-Entonces no digás cosas tan estúpidas. Mejor hagamos el amor.
-Ni loca lo vuelvo a hacer con vos.
-No tenés que estar loca, solo tenés que estar enamorada y eso no va a dejar de ser hasta dentro de unas horas.
-Yo te veía como el amor de mi vida y tuviste que echar todo a la basura.
-No lo eché todo a la basura, hay cosas que guardé en mi corazón.
-Pues que se queden ahí entonces porque fue suficiente una máscara para hacerme dudar de tu verdadero rostro.
-Así que cuando dormís aún pensás en cosas.
-No es por salir corriendo, pero es que sos la persona que no quiero ver ahora.
-Dale, matáme como si nada y andáte.
-Vos fuiste quien nos mató, a vos, a mí y a "nosotras".
-Tengo toda la culpa encima, no necesito recuerdos hablados de ello.
-Bueno, adiós.
-Te voy a reconquistar.
-Primero vas a tener que hacerme perdonarte y vas a necesitar bastante suerte con eso.
-Presumida.
-Mentirosa.

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